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Paths are Meant to be Broken

Updated: Nov 25, 2022

A control freak's journey to career path acceptance.


It’s been one year since I graduated from college and received my bachelors degree in International Affairs, and it wasn’t until about a month ago that I decided commemorate it.

For those who don’t know, I didn’t attend my graduation. Why? A small mix of covid anxiety and a strong urge to go against tradition. Mostly the latter. I blame it on my twenties.


But anyways, I never fully celebrated this accomplishment. Looking at this picture now, really hits me. But definitely not in a sappy, “wish I could go back in time” kind of way, but one that makes me admire the growth that I’ve experienced in the past year - kind of way.


One year ago I was convinced that earning my B.A would mean that I would land a job right away and that it was just a matter of time before I would be living on my own and becoming a completely autonomous being . That was naïve and a little funny given everything that has happened.


Obviously life had a different lesson in store for me. After having moved part time to Mexico City two years ago, my academic and hence professional vision changed. While living in the States, I saw my B.A as just a mere stepping stone towards a J.D and a bigger life in law. I’ve always been a fan of clear paths- like the one that martial arts offered me with its crystal clear, one way, belt system. Martial arts instilled in me the idea that through hard work and a lot of discipline, you can rise through the ranks anywhere. This is a mindset that has stuck with me - perhaps even stubbornly so.


Before my move, I knew exactly what to do and when to do it. There were steps and all I had to do was take them. I loved that. I loved having a certain, comforting level of certainty when it came to my future. But being in a somewhat new country (somewhat because I would often spend my summers visiting family here in CDMX), got me thinking : how can I expand my professional opportunities given my unique circumstance? Did the US offer me a picture perfect plan that I could happily boast about to colleagues and family? Yes, definitely. God, it was perfect. But it didn’t take into consideration the multiculturalism that has always encompassed my life.


And that was it. While I loved the idea of a direct and conventional path to what I felt was success, it didn’t match who I was or who I wanted to be.


So, desperate to find my way, I enrolled in an executive law program in Mexico. Was I hesitant? Absolutely. Terrified to be more specific, and part of me still is. But looking at my grad picture, reflecting on how far I’ve actually come, those feelings look insignificant- like leaves drifting across the vast blue sky, temporary and cathartic.


So my point is this: It’s okay to veer off the path. You owe it to yourself to figure things out, to adapt, and to adjust your expectations in order to see a brighter path ahead. Study your confusion and mold it into a curiosity that drives you somewhere you didn’t expect nor thought possible. Feel what you need to feel and turn it into something better. Let yourself be surprised.


Happy Thanksgiving! 🍁


Shoutout to my family. I really put those people through the wringer. Grateful for you people.



Los caminos están hechos para romperse

Viaje de una fanática del control hacia una trayectoria profesional imprevista.


Ha pasado un año desde que me gradué de la universidad y recibí mi licenciatura en Relaciones Internacionales, y no fue hasta hace un mes que decidí conmemorarlo.


Para los que no lo saben, no asistí a mi graduación. ¿Por qué? Una pequeña mezcla de ansiedad por la COVID y un fuerte deseo de ir en contra de la tradición. Sobre todo lo último. Lo atribuyo a mis veinte años.

Pero en fin, nunca celebré a plenitud este logro. Mirando esta foto ahora, realmente me emociona. Pero no de una manera melancólica, del tipo "por que no puedo retroceder en el tiempo", sino de una manera que me hace admirar el crecimiento que he vivido en el último año.


Hace un año estaba convencida de que obtener mi licenciatura significaría que conseguiría un trabajo de inmediato y que era sólo cuestión de tiempo para que viviera por mi cuenta y me convirtiera en un ser completamente autónomo. Eso fue bastante ingenuo y un poco gracioso teniendo en cuenta todo lo que ha pasado.


Obviamente, la vida me tenía reservada una lección diferente. Después de haberme trasladado medio tiempo a la Ciudad de México hace dos años, mi visión académica y por lo tanto profesional cambió. Mientras vivía en Estados Unidos, veía mi licenciatura como un sencillo trámite hacia un J.D y una vida más grande en la abogacía. Siempre me han gustado los caminos claros, como el que me ofreció las artes marciales con su sistema de cinturones tan claro y unidireccional. Las artes marciales me inculcaron la idea de que, mediante el trabajo duro y mucha disciplina, puedes ascender de rango en cualquier lugar. Es una mentalidad que se me ha quedado grabada, quizá incluso de forma terca.


Antes de mi traslado, sabía exactamente qué hacer y cuándo hacerlo. Había pasos y lo único que tenía que hacer era seguirlos. Eso me encantaba. Me encantaba tener un cierto y reconfortante nivel de certeza en lo que respectaba a mi futuro. Pero el hecho de estar en un país relativamente nuevo (medio nuevo debido a que los veranos los pasaba visitando a mi familia aquí en la CDMX), me hizo pensar: ¿cómo puedo ampliar mis oportunidades profesionales teniendo en cuenta mi circunstancia peculiar? ¿Los EE.UU. me ofrecían un plan perfecto del que podría presumir felizmente ante colegas y familiares? Sí, definitivamente. Dios, era perfecto. Pero no tenía en cuenta la multiculturalidad que siempre ha rodeado mi vida.


Y eso era todo. Aunque me encantaba la idea de un camino directo y convencional hacia lo que yo consideraba el éxito, no se ajustaba a lo que yo era ni a lo que quería ser.


Así que, desesperada por conseguir mi camino, me inscribí en un programa de derecho ejecutivo en México. ¿Tenía dudas? Sí, claro. Aterrada, para ser más específica, y una parte de mí todavía lo está. Pero al mirar la foto de mi graduación, reflexionando sobre lo lejos que he llegado, esos sentimientos parecen insignificantes, como hojas a la vista en el vasto cielo azul, temporales y catárticos.


Así que lo que quiero decir es esto: Está bien desviarse del camino. Te debes a ti mismo resolver tus dudas, adaptarte y ajustar tus expectativas para ver un camino más brillante por delante. Estudia tú confusión y conviértela en una curiosidad que te lleve a un lugar que no esperabas ni creías posible. Siente lo que necesitas sentir y conviértelo en algo mejor. Déjate sorprender.


Gracias a mi familia. Realmente los he vuelto locos. Los amo.


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